Cómo detectar si vive con un psicópata cotidiano
Fuente: Perfil.com | 19.11.2008 | Ir a la nota >>
Parecen personas normales, pero no lo son. El 75 % de ellos son varones, y se estima que hay unos 900.000 en el país. Sepa cómo identificarlos y huir de ellos.
Puede estar durmiendo con usted en su cama, trabajar a pocos metros en su oficina, ser el instructor de tenis del club al que asiste todos los sábados o, incluso, ser su propio padre o hijo. Los psicópatas cotidianos representan el 3 por ciento de la población, y el 75 por ciento de ellos son hombres. En la Argentina hay, por tanto, unos 900.000 hombres psicópatas que pueden convivir con nosotros sin que siquiera nos demos cuenta. Aunque, a la larga, nos terminen enfermando.
Los psicópatas cotidianos son, por caso, lo suficientemente hábiles para que las personas no se den cuenta, y sin embargo eligen a sus víctimas, las seducen, las envuelven, las convencen, las manipulan, para lograr algún objetivo que, por lo general, tiene que ver con alcanzar el poder. “Los psicópatas son generalmente líderes, aman el poder, y ven a los demás (sus víctimas) como objetos, como herramientas útiles para alcanzar un beneficio”, explica a Perfil.com el psiquiatra Hugo Marietan, docente de la Facultad de Medicina de la UBA y miembro de la Asociación Argentina de Psiquiatras (AAP).
Y explica que la psicopatía no es una enfermedad, sino “una forma de ser en el mundo”. Por esa razón, destaca, no hay tratamiento para combatirla. “No son enfermos. La que sí tiene problemas y puede hacer tratamiento es la complementaria”, destaca el especialista. Cuando habla de complementaria habla de su víctima, y explica que no cualquier mujer puede ser “complementaria” de un psicópata.
“Las víctimas son personas que, por alguna razón, dejan envolverse y no pueden zafar fácilmente del psicópata. Por lo general, tienen carencias afectivas de base. Muchas veces, son profesionales o empresarias; es decir, no tiene nada que ver el incremento intelectual en su vida ni la posición social, el psicópata puede captar como presa a cualquiera”, especifica Marietan.
Según el especialista, los psicópatas dañan sin sentir culpa, es decir, con impunidad, y por lo general son personas “encantadoras, simpáticas, con un gran poder de seducción”. Son, en definitiva, y según las palabras de Marietan, “ grandes actores”. Así es como seducen a sus parejas y las terminan sometiendo, o ascienden en su trabajo (por lo general son jefes), o mantienen el dominio en su familia. Incluso, “suelen no tener problemas a la hora de hacer deportes de riesgo, o de hacer trabajos de riesgo o que le repugnan a la gran mayoría de las personas”, especifica el psiquiatra especialista en psicopatía.
Durmiendo con el enemigo. “El psicópata no se enamora, no le queda amor para dar porque está muy enamorado de sí mismo. Busca a la mujer sólo para conseguir cosas. Por supuesto que se muestra muy enamorado, le hace sentir a su pareja que es la mujer de su vida. La primera etapa es de generar fascinación en la víctima. Pero de a poco va minando la autoestima de la persona, haciendo que se aleje de sus amigos, de sus familiares, hasta convertirla en un despojo. En ese estado la persona “es” en función del psicópata”, explica Marietan.
Sin embargo, explica el especialista, a la larga se produce un “desgaste” por parte de la víctima. “Es una etapa de sufrimiento porque lo que demanda el psicópata es más amplio que lo que ella puede hacer para satisfacerlo”. Es el momento que, por lo general, piden ayuda, si es que pueden hacerlo.
Jefe psicópata. “Este es el que genera acoso laboral”, destaca Marietan. Y explica que, aunque aparenta ser simpático, “siempre se la agarra con una o dos personas a las hostiga y descalifica constantemente, hasta producirles un estrés que puede llegar hasta provocar ataques de pánico en sus víctimas”.
Los psicópatas en las empresas, por caso, suelen ser “exitosos, simpáticos, agradables”, pero, aunque parece que trabaja en función de un bien común, “trabaja sólo para él mismo, para conseguir sus propios beneficios”.
Otra denominación para los abusadores: "Psicópata Cotidiano"
Aumento de la Violencia Familiar en Argentina
Entre marzo y noviembre de 2008, según un informe difundido por la organización Amnistía, 81 mujeres murieron en el país víctimas de violencia de género, y se reportaron 11 víctimas por semana.
También el año pasado, en la ciudad de Buenos Aires ingresaban en la Justicia en promedio unas 15 causas civiles por violencia doméstica por día. Sin embargo, tras la inauguración en octubre de una Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema de Justicia, frente a los Tribunales, el número creció hasta los 60 casos diarios.
El fenómeno no es nuevo, pero aumenta año tras año. Mientras en 1995 la Cámara en lo Civil recibió 1009 denuncias por violencia familiar, en 2007 el mismo tribunal registró 3779 denuncias, según las estadísticas oficiales del Poder Judicial.
Ayer, conocido el fallo absolutorio de un tribunal de La Matanza para una mujer que asesinó a su marido cuando éste agredía a un hijo y una hijastra, también trascendieron casos de la provincia de Buenos Aires: el año pasado, se recibieron más de 120.000 denuncias por violencia doméstica.
Según un sondeo de la Facultad de Psicología de Mar del Plata, juntamente con un instituto de Francia, sufrió abusos el 14,5% de los adolescentes encuestados (el 84%, de sexo femenino; el 16%, de sexo masculino). Entre los victimarios, el padrastro ocupó el primer lugar.
Violencia y Responsabilidad
La mayoría de las personas violentas lo son porque "eligen" serlo y saben muy bien sobre quienes pueden ejercer su violencia.
Un primer paso crítico para el manejo de cualquier problema en la vida, es identificarlo y catalogarlo claramente según su verdadera implicancia. Luego, la mejor solución puede ser encontrada de una manera más efectiva. Este principio es crucial en el manejo de la violencia.
Es importante enfrentar la realidad y hacer lo que resulta más urgente – mantenerse a salvo. Podemos actuar más efectivamente para resguardarnos y mejorar nuestras vidas, cuando encaramos de lleno lo que está ocurriendo y tomamos decisiones basadas en los hechos fríos y duros.
Frecuentemente se nos pide tener compasión por la gente violenta, por lo que pueden haber sufrido. El medio está lleno de estos argumentos, “fue abusado cuando era chico” o “tuvo una depresión postparto”. También oímos cosas como, “no actúa así por un problema emocional o mental?”
Desgraciadamente, especialmente con los hombres que son violentos con las mujeres, esta compasión y esfuerzo por comprenderlo, frecuentemente expone a la mujer a un mayor peligro. Siendo demasiado comprensiva puede frenar a la mujer a hacer lo que es más importante – mantenerse a salvo. Una historia puede ilustrar esto. He tenido variaciones sobre la siguiente conversación con varias mujeres, y en cada caso la idea de la “ELECCIÓN” realizada por el hombre les ha resultado una revelación.
Una mujer con la que hablé, a quien llamaremos Marisa, estaba preocupada por la escalada de violencia de su marido. Él le gritaba y pegaba alaridos con toda la fuerza de sus pulmones, la insultaba y le decía toda clase de cosas degradantes, revoleaba y tiraba cosas y pegaba a las paredes. Marisa se aterrorizaba cuando él hacía esto. Él no le había pegado aún, pero cada arranque de furia se volvía más y más intenso cada vez y ella estaba convencida que él llegaría a la violencia física en un futuro cercano.
El pensamiento de Marisa frente a éstas situaciones era que él “perdía el control” cuando discutían. De hecho, él siempre decía después de cada arranque... que estaba realmente arrepentido y que había perdido el control. Así es como ella se conmovía de su aparente arrepentimiento – de tal manera que se exponía al peligro de quedarse con él aún cuando sabía que en cualquier momento él terminaría pegándole.
Le dije a Marisa, “Imaginémonos que yo esté ahí con ustedes dos, cuando una de estas situaciones se presenta. Yo tengo conmigo un bate de baseball. Su marido sabe que si él avanza hacia usted, levanta su voz o pega a la pared, yo voy a pegarle con el bate en la cabeza. Usted piensa que él haría cualquiera de ésas cosas?”
Marisa contestó con una tenue voz, con los ojos y la boca abiertos por el asombro en señal de haber comprendido, “No”.
Le dije pausadamente, “Bien, él no está fuera de control entonces, o si?”
Marisa susurró, “No”.
Continuamos hablando y clarificando ideas. Pero esto era básicamente todo. Fue un momento de cambio en su vida cuando Marisa decidió hacer lo que era correcto para ella, acabar de justificar y perdonar el comportamiento violento que su marido estaba ELIGIENDO. El hecho es que las consecuencias de los actos de su marido no habían sido suficientes para que él frenara. En cambio, las hipotéticas consecuencias si yo estuviera presente hubieran sido suficiente freno a su conducta.
No hay ninguna evidencia de que el alcohol o enfermedades mentales sean la causa de que los hombres sean violentos con las mujeres EN PARTICULAR. Y la idea de que un violento golpeador o violador se encuentra fuera de control es un mito. Si se estudia a este tema, uno encuentra que existe una enorme cantidad de hombres que han sido abusados de niños, o son alcohólicos, o tienen problemas mentales, quienes a pesar de ello NO practican ningún tipo de violencia contra el prójimo.
Sí, existen hombres cuyo estado mental es de tal trastorno que pierden el contacto con la realidad. Verdaderamente no saben lo que están haciendo. Pero esta es una pequeña minoría. La mayoría de la gente violenta no son profundamente insanos en ese sentido. Pensemos esto: la mayoría de los hombres violentos no intentan violar o pegar a su jefe, a un oficial de policía o a un hombre grande y musculoso. De hecho, no se encuentran de ninguna manera fuera de control – saben exactamente a quién están atacando. Eligen a su víctima – alguien quien saben que no puede o quiere enfrentarlos.
En la historia que acabo de relatar, una vez que ella entendió que su marido en realidad estaba “ELIGIENDO” ser violento, Marisa logró la LIBERTAD EMOCIONAL necesaria para hacer lo debido para mantenerse a salvo y también para continuar con su vida de una manera positiva y enriquecida. Cuando exigimos individualmente y como sociedad que los individuos violentos asuman la responsabilidad de sus actos, estamos realizando poderosas y decisivas acciones para salvaguardar nuestro propio bienestar físico y emocional.
Escrito por Michael Linehan
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